martes 31 de julio de 2007

memorias


Me encuentro escribiendo en este papel. Muchos pensaran que lo escribí para ser famoso; pero, al menos yo pienso, que solo lo leerán mis amigos, los que se preocupen por ver lo que mi mente logro plasmar en este pedazo de árbol; o de repente, si tengo suerte, lo leerán de acá a 100 años, descubierto por unos arqueólogos, ó en la biblioteca de algún coleccionista. Solo escribo este libro porque, así de sencillo, y sin alusiones de ofender a la divina inspiración ni a los que esta les ha llegado alguna vez, porque me dio ganas. Podría tratar de encontrarle algún sentido a este escrito. Podría hablar sobre el calentamiento global, podría hablar sobre los derechos de la persona, podría hablar de un sin fin de cosas; pero, que para mi, ahora, son relevantes.

Comenzaré presentándome, contando mi pasado. Nací un día viernes, si más no se equivoca la frágil memoria de mi padre. Comenzó mi vida como una normal; nací, en un hospital, por cesaria o sesaria -no me culpen por la ortografía-, desnudo (como todos) y feliz.

Mi niñez estuvo marcada por el colegio y la soledad. Comenzando por el segundo epíteto, se fundamenta en que mis hermanos son mayores. Siempre me quedaba jugando solo, esperando la llamada de mi abuelita para que almorzara. Mis padres trabajaban, así que, apoyado por el especial carácter de mi abuelita – la llamo así porque nunca le gustó que le dijera abuela-, descubrí el mundo por mi propia cuenta. Mi único lugar de volverme un miembro de la sociedad era la escuela. Comencé en el colegio de los corazones siameses. Cabe resaltar que pase por dos nidos antes de llegar a este colegio; porque en uno de estos, mi corazón perdió las riendas de la cordura, mi cabeza desecho la realidad propia para basarse en la realidad de otro ser, o como todos comúnmente lo llaman: me enamoré.

Los primeros años en el colegio de los corazones siameses marcaron lo que en el futuro la gente iba a pensar de mí. Sacaba las mejores notas, y si no me equivoco, obtuve el primer puesto en el salón por dos años (mérito que ponían para tratar de incentivar en los alumnos más aplicados, para que después, con la adolescencia, no dejen de lado los estudios, es decir, el prestigio del colegio), lo cuál admiró a mis padres, un nuevo “genio” para ellos había nacido.

Seguí los siguientes años sin mayor problema. Mi vida solo tenia como mandamientos estudiar y amar. Por eso, me enamoré, o más bien dicho, me comenzaron a agradar el sexo opuesto; puesto que, para decir que uno esta “enamorado”, uno se basa en varias prescripciones, que para mí, en ese tiempo, eran desconocidas. Mi vida puso la atención en tres chicas, en los cinco primeros años de mi educación particular (considerando que estuve un año en inicial). Ximena, María Fernanda y Karen.

Ximena – no traten de deducir los nombres si simbolizan algo, son todos reales-, fue la chica que mis ojos miraban cuando tenía cinco años. Ella es, porque sigue viviendo y es una de mis mejores amigas, y fue en ese momento un tornillo de la estructura d mi vida. De manera obvia, solo quedo en un mirarla, porque, como he dicho antes, no lo puedo llamar amor.

Maria Fernanda fue la segunda ventana que el amor me abrió (cabe resaltar que fue el mismo sentimiento que nace anteriormente). Recuerdos, tengo, pero son vagos. Solo puede mi mente traer al presente pocas imágenes de celos o risas.

El tercer pasillo de la sección amor de mi alma, fue Karen. Fue lo más cercano a lo que puedo decir amor. La veía como un ser superior, alguien que inundaba mis sueños todas las noches. Creo que hubiéramos terminado como enamorados, solo que el destino – lo escribo así para que no hallen confusiones, ya que no creo en este- nos separó. Ella ganó una beca en otro colegio, terminando con los futuros. Ahora es una de mis mejores amigas.

Mi vida siguió transcurriendo, llegue los últimos años de la educación primaria. En estos últimos años, descubrí varias cosas. Mi idea del mundo cambio. Conocí el dolor, la emoción, el clímax y la angustia. Aunque todos estos sentimientos no fueron en su mayor exponente; pero tuvieron gran trascendencia. Conocí la decepción, al enamorarme de dos chicas, las cuales me arruinaron el corazón (aunque, como digo, no fueron de gran magnitud, al menos para mi punto de vista de este momento). Comenzaron los deportes, el atletismo me llamo primero. Las primeras competencias, entrenamientos. La vida me entrenaba para lo que vendría a vivir después.

Mi vida no acaba ahí, pero creo que es lo suficiente para que entiendan que es lo que influyó en quién les escribe. Después vinieron algunas cosas parecidas a lo antes contado, que tuvieron la misma influencia.

La vida esta formada de muchos fundamentos, de muchos sentimientos y acciones. Peculiarmente, aunque digan que sigo con el dolor en el corazón, descubrí el engaño y la traición. Hoy vi como un ser puede matar a otro en un segundo, con un arma de largo tiempo.
Comienzo con el engaño. Es una falsa realidad, el presentar una visión del mundo diferente a la común, para así, lograr un cometido sea para bien o para mal. A mi me lo mostraron, para mi mala suerte, para mi daño. Eso el sentimiento de desilusión y dolor, pero con una intensidad que podrá asociarla con el abrasador calor del mismo averno.

Descubrí la traición por una de sus ramas, por lo sentimientos. Mis sentimientos no eran correspondidos, mi grato dolor era fundamentado por la nada. Me presentó sentimientos de ira, cólera y venganza, sentimientos que siempre he tenido apartados de mí ser. Con esto descubrí lo que esta a mi alrededor, puse los dedos en el interruptor que prende la luz que le dará a mi vista la verdadera realidad; no el mundo etéreo en el que mucho tiempo he vivido, y sigo viviendo.

Hoy descubrí la amistad. Esta palabra le encontré sentido en lo más profundo de mi dolor. Pude aferrarme a ella, me pudo sacar de la penumbra sentimentalista que me había creado el amor y otros males. Su significado, la esencia de esta, la encontré en personas y en momentos que nunca considere. Pude ver la grandeza humana en una simple frase de condolencias; pero que encerraba la preocupación misma, el no ser indiferente, y no por una costumbre de dar limosna. Esta amistad, que hoy descubrí, me dio fuerzas para sobreponerme; me dio ánimos; dio la luz que había desaparecido de mi túnel; pude reconocer la grandeza de Dios en ella. Pude reafirmar la confianza que tengo con las demás almas vagabundas por este mundo, pero que están llenas de esa no indeferencia, que nos puede mostrar, y en la cuál puedo basar mi pensamiento, la Biblia cuando hace mención a María; la que siempre estuvo al lado del redentor, cuidándolo y llorando por su acción de salvación.

Este día, también descubrí el odio, la furia, la esencia del desterrado. Pude sentir como el deseo de venganza corría por mis venas, quemándome lentamente, sin parar hasta que haya desquitado todo el dolor que en mí llevaba. Me llevaba, estos sentimientos, al clímax de mi sufrimiento, a la locura asesina, que si bien no en alta medida, pero si, como para dañar a una persona lenta y dolorosamente. La furia, acompañada con la pena, le dio alas a mi imaginación, que era conducida por los deseos paganos, mundanos y los pecados contra el prójimo. Estos “sentimientos” me llevaron al límite de la razón, al límite entre lo correcto y lo incorrecto.

Este día me dio sentimientos encontrados. Me puso en el puesto de un juez, que tiene que fallar a favor de uno de los dos. Me puso entre la espada y la pared. Me puso a criaturas que me incitaban a quebrantar mis principios. Pero también me puso, a los ángeles sin alas, que muchos los llaman amigos.

Hoy descubrí la risa, y las consecuencias a las acciones que tomamos erróneamente, pero que salvaguardamos llamándolas mala suerte. El destino fatal cotidiano me llego a partir de cosas cotidianas, que me hicieron entender que el destino y la vida no me favorecen. Estos pensamientos iban en contra de los ideales fuertemente marcados que mi moral lleva consigo; por eso, me descubrí a mi mismo, me quite la arrogancia e idealización de la persona, la cuál esta libre de errores; me forje en la mente que la suerte pagana, es solo la imperfección con dos caras. Por un lado, el continuo equivoco humano, que nos seguirá acompañando hasta que acabe la famosa teoría de Darwin; y por el otro lado, creo que es la peor de las dos, y siendo una falla humana que es la base de la mediocridad de la población, está la falta de humildad para reconocer que fue un error nuestro; siendo aún mas deplorable, el que se culpe a un pensamiento que viene desde la época medieval y que se basa en la inconciente y menuda ignorancia, que apareció en esos tiempos y que, lamentablemente, se viene arrastrando a nuestra realidad.

La risa, la descubrí por medio de la sátira. Esta sátira fue hacia mi propio ser, una mofa a mis actitudes, pensamientos y deseos pasados y presentes. Fue un sentarme en la platea del teatro del alma, y ver interpretar una divina comedia a los hechos y los percibidos que llevaba y llevo dentro. Fue una experiencia de masoquismo, más ligado a la grata perturbación de uno mismo. Pude, por primera vez, sentir una alegría en base a mis errores y dolores. Gracias a esta flamante palabra, pude expresar mi olvido a estas faustas experiencias y realidades, siendo algunas aún llevadas conmigo, en mi letargo por seguir viviendo

Hoy descubrí la esperanza. La vi envuelta en una manta que la acogía y me incitaba a cogerla. Hoy la percibí, en una ser coqueto; un ser que me deslumbraba con su mirada, con su inocencia, acompañada, a la vez, con la sátira de una musa de los tiempos del olimpo. Pude sentir lo que muchos llaman alegría; una alegría, que ahora pensándolo bien, es por un hecho futuro, un hecho casi improbable, pero que igual lo tomamos como válido, para no caer en el abismo que nos lleve al cono invertido que nos propuso Dante. Pero igual disfrute de esto; sentí como mi corazón se rebozaba en los pétalos de la felicidad, sentí como mi respiración comenzaba a correr y, así, llegaba al clímax de la fortuna.

Pero esta esperanza, lamentablemente, me trajo la duda. Hoy encontré la duda, en la esperanza. La encontré como consecuencia al primer sentimiento ya mencionado. Fue la que tumbo el castillo regocijante que se había forjado imponentemente dentro de mí, de un solo golpe. Trajo consigo la angustia. Estas dos juntas, hicieron que mi pensamiento pierda su sentido y comience a encerrarme de nuevo en mi melancolía, al no saber que elección tomar. La duda se fue incrementando, tanto así que me llevo al punto límite de tomar decisiones precipitadas que hubieran traído consigo la desilusión y a los fantasmas que había en mí. Esta duda, me siguió acompañando. Solo para no dejarme vivir en paz; recordándome a cada rato, más bien inquietándome, como las manecillas de un reloj que se oyen en la casa desierta marcando los segundos que pasan con un letargo impecable, para solo recordar que el fin esta cerca y nada se puede hacer.

Hoy descubrí la indiferencia. Aunque la descubrí en un ámbito coloquial y muy demacrado; vi como esta indiferencia se hace presente en todos nosotros. Pude ver como la falta de interés hacía el prójimo ó hacía un hecho irrelevante, puede crear un marco de caos y conflicto; en el cuál aparecen en conflicto la seriedad, que caracteriza a las personas cultas y refinadas, y la burla, que caracteriza, muchas veces, a la falta de criterio y cordura en momentos de alta responsabilidad. Vi como esta deplorable preocupación puede acabar con todo lo creado, desde la amistad, hasta la esencia de un a moral bien definida por años de realización personal.

Hoy descubrí el olvido. Pude detenerme un momento para ver como la ausencia de una de las piezas de mi alma, no había afectado el rompecabezas que refleja mi vida. Pude ver como los recuerdos gratos y de dolor, se habían retirado al hospicio, donde los encontraré cuando llegue a la locura. Pude ver como todos estos sentimientos, que antes me habían hecho llegar a puntos del ser humano que no comprendía, ahora descansaban en los lugares mas recónditos de mi mente, esperando el momento crucial para volver a salir y traer los demonios que a mí pudieron llegar. Pude al fin olvidarte.

Hoy pude encontrar la arrogancia. Esta la vi regocijándose de su falsa dignidad y poderío. Pude percibir en ella a los más paganos pensamientos que el hombre puede llegar a concluir. Pude saborear de muy cerca y oler los deliciosos sabores que esta te da; pero, felizmente, pude detenerme para ver la reacción de los demás, una reacción de asco figurado, de repudio hacia esta falsa musa, que solo te hace sentir falsos placeres de grandeza y magnanimidad.

Hoy descubrí los celos. Los vi en una persona que nunca pensé que me incitaría a este sentimiento tan desgarrador de la confianza al futuro. Produjo dentro de mi el desfile de los demás deseos y reacciones antes mencionados, que solo esperaban a que mi cerebro ordenase el ataque. Se sentaron a presenciar y destruir mi ser, mientras contemplaba la escena desgarradora pero inocente que yo presenciaba. Me hizo sentir un dolor en mi pecho, ya que este mensajero me presagiaba una desilusión prematura para mí. Los celos se colaron entre mi sangre, sacaron de mi los héroes caídos, dándoles formas, palabras. No fue muy largo el hecho, pero si lo fue la batalla en mi interior; un golpe de estado a tranquilidad que reinaba en mi en ese momento. Sentí la gracia maldita que la inseguridad, escudera de los celos, me daba, como punzadas de una aguja que va desgarrando lentamente mi piel; como un ave que picotea mi cabeza, la cuál se regenera lentamente como dios del olimpo. Sentí la esencia del maldito, la esencia del asesino que mata a gente que no conoce. Me dio el primer peldaño del homicidio, me llamaba a sentir y disfrutar el dolor ajeno. Pero con la misma rapidez que vino, igual se fue.

Hoy descubrí los recuerdos. Estos vinieron sin ser invitados, para posarse en la preocupación que estaba vacía. Pude vivir momentos alegres y tristes. Pude recordar todo lo que me había hecho lo que ahora soy; pude recordar el dolor, ese maldito que comenzó a destruir cada parte de mi ser, y que tuve que sobreponerme por encima de todo. Pude recordar la alegría de una victoria, de un beso, de una derrota. Supe que estos recuerdos me hacían más bien que mal. Pero eran como una droga, indispensables para subsistir en este mundo que se basa en los recuerdos y en las posibilidades, nunca en el presente. Me engolosinaba con esto hechos pasados que me llevaban a la iluminación gratificante y a veces carcome dora.

Hoy descubrí el llanto. Curiosamente no se porque vino hoy a mi. Me vino de la nada. Me vino, de repente, porque estoy entre la locura y la razón. Me disputo entre vivir en este mundo materialista, o de salir al mundo en el cual trato de sacar el infinito de mi mente. Este llanto me venía con el pasar de la vida. No sabía porque, no sabia la razón de que de mis ojos corriera la esencia de la vida. No sabía de qué cosa mi alma se deshacía, y creo que nunca lo sabré.

Hoy te descubrí a ti. Te descubrí en lo más esencial de la pureza. Te vi toda delicada, esperando ese ángel que te lleve a volar por los cielos del amor. Te vi tan bella, como rosa que sobresale entre la hierba mala, creciendo ahí por solo un capricho de Dios. Te pude encontrar iluminando mi camino, pero sin que tú tuvieras conocimiento de esto. Gracias a Dios, no me viste, y no pase por la vergüenza de contemplarte y arriesgarme a una desilusión igual o mayor antes vivida. Algún día lo sabrás.

Hoy, descubrí la muerte. Señora que juega con los hilos de la vida. Mandando a sus secuaces para cortar estas cuerdas que nos mantienen erguidos en el mundo. Maldita la muerte que nos quita a personas que nos acompañaban en nuestra estancia en la tierra. O bendita suerte que nos rescata de los problemas que nos trae el ser humanos e interactuar con entes que tienen los mismo orgullos y prejuicios que llevan y están llevando a la destrucción total de lo conocido; aunque, solamente, estamos recortando el tiempo de lo inevitable. Señora del destino, ¿porque no se apiada de nuestro sufrimiento pagano y simple? ¿Por qué simplemente solo te diviertes con nosotros, pero no nos dejas vivir lo que hemos creado? Salida de los desesperados, que te buscan mediante métodos muy conocidos por todos, pero que pocos tienen el valor de seguirlos. Pocos se atreven a descubrirte hermoso dolor, pocos se atreven. Aunque a todos nos llega. A todos nos toca nuestra visita a tu posada, a tu inquisición. A todos nos llega, pocos están preparados, ninguno le gusta; pero, felizmente, hoy me llegó a mí.

Bienvenidos



Que más decir sino un bienvenidos. Les doy un cordial saludo a este blog, que desde ahora sera mi ventana al mundo, para mostrarles mis pensamientos y opiniones. Este blog sera una ventana para que puedan ver, apreciar y criticar mi mundo; conformado por principios, valores, dudas y todo lo que un adolescente de 15 años se puede forjar en nuestros tiempos.


Ojala disfruten este espacio, y que sea una comunicaión grata y no grata( pues muchos estarán en desacuerdo con lo que pueda publicar) para ustedes.


P.D: De antemano piudo disculpas por los errores ortográficos que pueda tener en adelante.